Con los enseres colocados en lo más alto que pueden y el temor a que vuelva a llover, así viven los residentes del barrio El Tanque Azul, en Hato Nuevo de Manoguayabo, que intentan recuperar lo poco que les quedó tras las inundaciones de ayer.
Aunque las lluvias dieron una tregua la manana de este miercoles, la angustia no cesa. Las familias permanecen en alerta, con el miedo de que el agua vuelva a meterse a sus casas y termine de llevarse lo que les queda.
El problema, denuncian, es la cañada. Está desbordada, llena de basura y totalmente tapada. Con cualquier llovizna, aseguran, el agua sube a la calle y se mete a las viviendas porque el afluente no tiene por dónde drenar.
«Lo hemos pasado bastante feo. Estamos un poco asustados. Ya la cañada no aguanta más agua y cuando cae un chin, de una vez sube para la calle. Estamos saturados», relató una de las afectadas.
La mujer contó que, aunque las autoridades han ido a la zona, hasta el momento no ha recibido ayuda para recuperar sus ajuares.Y el drama no termina cuando baja el agua. Según su testimonio, las condiciones insalubres les han provocado enfermedades.
Aseguró que cuando tenía siete meses de embarazo padeció malaria, al igual que su bebé, situación que atribuye a la contaminación y la humedad en la que viven.A las pérdidas materiales y los problemas de salud se suma la falta de movilidad.
Las inundaciones destruyeron un puente de madera que los mismos comunitarios habían levantado, lo que ahora les dificulta salir a trabajar y llevar a los niños a la escuela para que puedan tomar el transporte escolar.
En los alrededores de la cañada, según estiman los comunitarios, hay unas 600 viviendas, por lo que cientos de familias quedan expuestas cada vez que se registra un fuerte aguacero. Mientras esperan una respuesta, siguen levantando sus pertenencias como pueden, con la esperanza de que una nueva crecida no los vuelva a dejar en cero.


















